gigante ilustracion
Cuentos con Magia
Cuentos con Magia

Érase una vez, en cierto pueblo de Pampanga, vivía un niño llamado Suac. Para probar su suerte, un día fue a cazar con Sunga y Sacu al monte Telapayong. Cuando llegaron a la montaña, tendieron sus redes y prepararon sus perros para la caza, para ver si algún animal salvaje llegaba a aquel lugar. Poco después capturaron un cerdo grande. Lo cogieron debajo de un árbol grande y lo mataron. Entonces Sunga y Suac volvieron a salir al bosque.

Sacu se quedó preparando la comida. Mientras estaba ocupado cocinando, escuchó una voz que decía:

—¡Ja, ja! ¡Qué buena comida estás preparando! ¡Apresúrate! Estoy hambriento.— Al mirar hacia arriba, Sacu vio en lo alto del árbol una criatura horrible: un hombre negro muy grande con una larga barba. Éste era Pugut.

Sacu le dijo:

—¡Oh! No te voy a cocinar esta comida. Mis compañeros y yo tenemos hambre.

—Bueno, entonces veamos quién se lo quedará—, dijo Pugut mientras bajaba del árbol. Al principio Sacu no quiso darle la comida; pero Pugut derribó al cazador y antes de que éste tuviera tiempo de recuperarse se había comido toda la comida. Luego volvió a trepar al árbol. Cuando Sunga y Suac regresaron, Sunga le dijo a Sacu:

—¿Está lista la comida? Aquí hay un ciervo que hemos atrapado.

Sacu respondió:

—Cuando la comida estuvo lista, vino Pugut y se la comió toda. Intenté impedírselo, pero fue en vano: no pude resistirlo.

—Bueno—, dijo Sunga, —déjame ser el cocinero mientras tú y Suac sois los cazadores.

Entonces Sacu y Suac salieron y Sunga se quedó cocinando. Apenas estuvo lista la comida, volvió Pugut y se la comió toda como antes. Así que cuando los cazadores regresaron, trayendo consigo un cerdo, todavía no tenían nada que comer.

En consecuencia, Suac se quedó cocinando y sus compañeros se fueron a cazar nuevamente. Suac asó el cerdo. Pugut lo olió. Miró hacia abajo y dijo:

—¡Ja, ja! Tengo otro cocinero; ¡apresúrate! muchacho, tengo hambre.

—Te ruego que no nos prives a nosotros también de este alimento—, dijo Suac.

—Necesito comerlo porque tengo hambre—, dijo Pugut. —Si no me como tu comida, te comeré a ti.

Cuando el cerdo estuvo asado y adquirió un bonito color marrón, Pugut bajó del árbol. Pero Suac colocó la comida cerca del fuego y se quedó junto a él; y cuando Pugut intentó apoderarse de él, el niño lo empujó al fuego. La barba de Pugut se quemó y se volvió rizada.

Luego, el niño corrió hacia un pozo profundo. Y lo cubrió con hierba por arriba. Pugut no se quedó a comer, sino que siguió a Suac. Suac fue muy astuto. Se paró en el lado opuesto del hoyo y dijo:

—¡Te ruego que no pises mi hierba!

—Te voy a comer—, dijo Pugut enojado, mientras pisaba el pasto y caía al hoyo. El niño cubrió el hoyo con piedras y tierra, pensando que Pugut moriría allí; pero se equivocó, Pugut volvió a sobrevivir.

Suac no había avanzado mucho cuando vio que Pugut lo seguía; pero en ese momento vio también un cocodrilo. Se detuvo y esperó resueltamente a Pugut, a quien le dio un golpe y lo empujó dentro de la boca del cocodrilo. Así Pugut fue destruido.

Luego que Suac había derrotado a Pugur, tomó el garrote mágico de su víctima y regresó debajo del árbol. Al cabo de un rato regresaron sus compañeros. No les contó cómo tuvo que vencer a Pugut y juntos comieron la comida prparada. Al día siguiente regresaron al pueblo.

Suac, al enterarse de que había un gigante que venía todas las noches al barrio a devorar gente, fue una noche a encontrarse con el gigante. Cuando llegó donde el gigante, este le dijo:

—Tú eres del tamaño justo para saciar mi hambre—. Pero Suac le dio un golpe mortal con el garrote de Pugut y el gigante cayó muerto.

Más tarde, Suac libró las islas de todos los monstruos salvajes y se convirtió en gobernante de su pueblo.

Cuento popular filipino recopilado por Dean Fansler (1885-1945) en Filipino Popular Tales, 1921

Otros cuentos y leyendas