
Un ruteno, habiendo perdido a su esposa e hijos a causa de la peste, huyó al bosque desde su cabaña desolada buscando refugio. Vagó todo el día; al caer la tarde construyó un pequeño refugio con ramas, encendió un fuego y, agotado, se quedó dormido. Ya pasada la medianoche, un gran estruendo lo despertó. Se puso de pie, escuchó y oyó a lo lejos una especie de canciones acompañadas por el sonido de panderetas y pífanos. No podía creer que, mientras la muerte arrasaba alrededor, la gente celebrara con tanta alegría.
El ruido que escuchaba se acercaba sin cesar, y el aterrorizado podoliano vio acercarse una multitud que avanzaba por un camino ancho. Era una tropa de espectros de aspecto extraño que rodeaban un carruaje; el carruaje era negro y elevado, y en él se sentaba la Peste. A cada paso, la horripilante compañía aumentaba, porque casi todo lo que había en el camino se había transformado en espectro.
Su pequeño fuego apenas ardía; un rescoldo bastante grande aún humeaba un poco. Apenas la nube de la peste se acercó, el rescoldo se levantó sobre patas, extendió dos brazos —la parte ardiente comenzó a brillar con dos ojos fulgurantes— y comenzó a cantar junto con los demás. El aldeano quedó atónito; aterrorizado y sin poder hablar, agarró su hacha y estuvo a punto de golpear al espectro más cercano, pero el hacha salió volando de sus manos, se transformó en una mujer alta de cabellos negros como el cuervo y, cantando, desapareció ante sus ojos.
La nube de la peste siguió su camino, y el podoliano vio cómo los árboles, los arbustos, los búhos y los autillos, tomando formas altas, aumentaban la multitud, terrible augurio de una muerte espantosa. Cayó débil y sin fuerzas, y cuando al amanecer el calor del sol lo despertó, vio que los recipientes que había traído estaban rotos, su ropa hecha jirones y sus provisiones estropeadas. Se dio cuenta de que nadie más que la nube de la peste le había causado todos esos daños y, dando gracias a Dios por haber escapado con vida, siguió adelante buscando refugio y alimento.
Cuento popular polaco, recopilado por A. H. Wratislaw en Sixty Folk-Tales from Exclusively Slavonic Sources, en 1890







