pueblo de Laos
Cuentos de terror
Cuentos de terror
Sabiduría
Cuentos con Sabiduría

Erase una vez una vez una mujer que tenía un hijo y un sobrino viviendo con ella. Y un día fueron a ella pidiendo dinero para ir a comprar en el bazar. Les dio a cada uno una moneda de plata de igual valor y les ordenó que compraran, regatearan y engañaran de tal manera que pudieran llevarse a casa mucho dinero.

En el bazar, uno compró un pez grande, el otro, cabeza y cuernos de búfalo, y, mientras descansaban al borde del camino de regreso a casa, ataron el pez grande y vivo, con la cabeza de búfalo, y los arrojaron en un arroyo fangoso. Cuando le arrojaron las piedras al pez, este saltó, haciendo que la cabeza del búfalo se moviera como si estuviera viva.

Un hombre vio la cabeza en el agua y quiso comprar el búfalo. Los muchachos dijeron el precio de un animal vivo y, habiéndolo recibido, huyeron.

Mientras caminaban, poco después, encontraron un ciervo que un perro salvaje había matado, pero que no se lo había comido. Se lo llevaron a un granjero y, al verlo, preguntó dónde lo habían encontrado.

—Nuestro perro—, dijeron los niños, —está tan entrenado que va a la jungla y caza animales salvajes para alimentarnos.

El granjero deseó comprar el perro.

—¿Me venderíais vuestro perro?

—No—, dijeron los chicos, —no lo venderemos.

Su negativa generó más ansiedad en el hombre por poseer el perro y ofreció a cambio diez de sus mejores reses. El intercambio agradó a los muchachos y, habiendo recibido el ganado para su inútil perro, se apresuraron a ir a una gran ciudad, donde vendieron todo el ganado por mucho dinero. Tras esto, regresaron a casa.

Al llegar a casa, dividieron el dinero en partes iguales, pero la madre no estaba satisfecha y deseaba que su hijo se quedara con la porción mayor, por lo que insistió en que hicieran una ofrenda al espíritu en el árbol hueco cercano, antes de poder dividir correctamente el dinero.

Mientras los niños preparaban la ofrenda, la madre corrió y se escondió en el árbol hueco, y cuando hubieron hecho su ofrenda preguntó al espíritu:

—Espíritu del árbol ¿Qué división debemos hacer con el dinero?

Una voz respondió:

—Al hijo de la viuda, dale dos porciones; al sobrino de la viuda, dale una porción.

Muy enojado, el sobrino puso leña alrededor del árbol y le prendió fuego. Aunque escuchó la voz de su tía, que decía:

—Te ruego que tengas misericordia de mí y me dejes libre—, no la reconoció, y la viuda y el árbol perecieron. Así, ella, que le había enseñado como hacer trampas, fue destruida por su propio aprendiz.

Cuento de Laos, recopilada por Katherine Neville Fleeson, editada en 1899, en el libro Laos Folk-Lore of Farther India.

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