
Un día, una madre llevó a sus dos hijos con ella cuando fue a teñir tela. No muy lejos de su casa había un charco de lodo donde al carabao le gustaba revolcarse, y fue a ese lugar donde ella llevó su tela, unas ollas con tinte y dos cucharas de concha.
Después de poner la tela en el lodo para que absorbiera el color oscuro, encendió un fuego y colocó sobre él una olla con agua y hojas usadas para teñir. Luego se sentó a esperar que el agua hirviera, mientras los niños jugaban cerca.
Al cabo de un rato, cuando fue a remover las hojas con una cuchara de concha, algo de agua salpicó y le quemó la mano, por lo que dio un salto y gritó.
Esto divirtió a los niños, y su risa los transformó en monos, y las cucharas se convirtieron en sus colas.
Las uñas de los monos todavía son negras, porque cuando eran niños ayudaban a su madre a teñir la tela.
Leyeda filipina recopilada por Mabel Cook Cole, en Philippine Folklore Storiesm, publicado en 1916







