Leyenda
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ORIGEN
Bagobo (Mindanao)

Al principio vivían un hombre y una mujer, Toglai y Toglibon. Sus primeros hijos fueron un niño y una niña. Cuando crecieron lo suficiente, el niño y la niña se fueron lejos, cruzando las aguas, en busca de un buen lugar para vivir. No se supo más de ellos hasta que sus hijos, los españoles y los americanos, regresaron.

Después de que se fueron los primeros, nacieron otros hijos de la pareja, pero todos se quedaron en Cibolan, en el monte Apo, junto a sus padres, hasta que Toglai y Toglibon murieron y se convirtieron en espíritus.

Poco tiempo después vino una gran sequía que duró tres años. Toda el agua se secó, no quedaban ríos, y ninguna planta podía vivir.

–Seguramente –dijeron las personas–, Manama nos está castigando y debemos ir a otro lugar para encontrar comida y un sitio donde vivir.

Así que partieron. Dos se dirigieron hacia donde se oculta el sol, llevando consigo piedras del río Cibolan. Después de un largo viaje llegaron a un lugar con amplios campos de hierba cogon y abundante agua, y allí establecieron su hogar. Sus hijos aún viven en ese lugar y se llaman Magindanau, por las piedras que la pareja llevó cuando salió de Cibolan.

Dos hijos de Toglai y Toglibon fueron hacia el sur en busca de un hogar, y llevaron con ellos canastos de mujer (baraan). Cuando encontraron un buen sitio, se establecieron. Sus descendientes, que aún viven en ese lugar, se llaman Baraan o Bilaan, por los canastos de mujer.

Así, de dos en dos, los hijos de la primera pareja fueron dejando la tierra donde nacieron. En el lugar donde cada uno se asentó, surgió un nuevo pueblo, y así fue como todas las tribus del mundo recibieron sus nombres, ya sea por las cosas que la gente llevó consigo desde Cibolan, o por los lugares donde se establecieron.

Todos los hijos dejaron el monte Apo, salvo dos (un niño y una niña), que estaban demasiado débiles por el hambre y la sed como para viajar. Un día, cuando estaban a punto de morir, el niño se arrastró hacia el campo para ver si había algo vivo, y para su sorpresa encontró una caña de azúcar creciendo vigorosamente. La cortó con entusiasmo, y salió suficiente agua para refrescarlo a él y a su hermana hasta que llegaron las lluvias. Por eso, sus hijos se llaman Bagobo.

Leyeda filipina recopilada por Mabel Cook Cole, en Philippine Folklore Storiesm, publicado en 1916

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