

Uno de los héroes más legendarios de la mitología georgiana es Amirani, comparado con Prometeo por las similitudes en su historia.
Amirani es hijo de Sabadur, un mortal cazador que se enamoró de Dali, la diosa de la caza.
Dali era un espíritu etéreo y peligroso, vivía en acantilados y gobernaba sobre los animales salvajes. El fuerte cazador Sabadur la vio se enamoró de ella, y juntos engendraron a Amirani. Pero la esposa del cazador, Darejan, celosa de la diosa Dali, persiguió a Dali y la mató justo antes del parto.
Cuando Sabadur la vio muerta, sintió una gran pena y abrió su vientre para sacar al bebé. Amirani nació con una fuerza sobrehumana y un diente de oro, Sabadur, al ver que no podría con ese hijo, lo abandonó en el campo, y allí lo encontraron sus dos medio hermanos quienes cuidaron de él.
Las versiones antiguas cuentan que los dioses le entregaron los símbolos del sol y la luna, las versiones cristianas cuentan que enviaron a San Jorge (Tetri Jorge) y San Elías (Elia) para que bautizaran al niño en fuego y agua, sumergiéndole en un lago mágico y luego acercándole a las llamas de la forja para hacerlo invencible.
Amirani vivió grandes aventuras.
El gigante Devi
Cuando Amirani aun era muy joven, se cuenta que el terrible gigante devi mataba y tenía atemorizados a todos en una región, por lo que se había determinado una recompensa para quien acabara con él. Amirani y sus hermanos fueron allá y cuando se enfrentaron contra el monstruo, él les suplicó por su vida, y les contó que había una doncella al otro lado de un mar, y si le perdonaban la vida les diría donde estaba. Pero Amirani le abrió igualmente la cabeza al gigante y de ella brotaron tres gusanos que se convirtieron en tres grandes dragones.
Amirani logró derrotar a los dos primeros monstruos pero el tercer dragón le devoró. En la tripa del gran dragón, Amirani sacó un cuchillo y empezó a cortar la piel. El dragón no podía con el dolor, se retorció y gimió hasta que murió y Amirani logró salir.
Amirani y sus hermanos, decidieron ir a buscar a Qamari, la doncella de la que el gigante devi les había hablado.
Qamari vivía cautiva en el palacio celeste de sus padres, un palacio que se balanceaba en el cielo, entre las estrellas.
Amirani logró encontrar el palacio celeste y secuestró a Qamari, pero cuando el padre de la doncella Qamari se enteró, les persiguió. Amirani, sabiendo que el hombre no se detendría hasta encontrarle y matarle, se suicidó en un sacrificio desesperado, cuando el padre de Qamari lo vio muerto, abandonó su búsqueda creyendo que su hija habría corrido la misma suerte. Pero al día siguiente, Qamari, guiada por las enseñanzas de un ratón, recogió una hierba mágica y resucitó a Amirani.
En poco tiempo, Amirani limpió la tierra de todo tipo de monstruos y bestias feroces.
En aquel tiempo, la humanidad sufría por las noches frías y el acecho de animales salvajes. Pero los dioses gozaban de un fuego mágico y sagrado que les proveía de abundancia y calor, y guardaban para ellos.
Amirani, en un acto de rebeldía, se embarcó en un viaje para robar el fuego de los dioses.
En su camino encontró grandes gigantes de un solo ojo, terribles monstruos, aves de presa, y bosques espesísimos. Finalmente llegó y aunque los espíritus del viento, de los truenos y otros guardiantes intentaron deternerlo, Amirani logró robar el fuego de los dioses y guardarlo en su propio pecho.
En una de las versiones, encontró el fuego en la herrería de los dioses, y se llevó un carbón encendido en la hoja de su espada.
Amirani, con el fuego, salió de las altas montañas donde vivían los dioses a gran velocidad. Una tormenta le persiguió con rayos y agua y vientos que intentaron detenerle, pero Amirani logró llegar donde estaban los humanos y les entregó el fuego.
Así, la chispa divina pasó a manos de los humanos. Pero los dioses se enojaron y castigaron al héroe por su rebeldía.
Los más fuertes guerreros angélicos de los dioses atraparon a Amirani y lo sometieron. Se libró una gran batalla pero Amirani fue derrotado y sus hermanos murieron en el combate.
Amirani, como estaba bautizado en fuego y agua, era inmortal, por lo que le encadenaron en el interior de una caverna de una gran montaña. Un perro feroz lame cada día sus grilletes.







