Las Ciudades que se Quemaban a sí Mismas y la Cultura Cucuteni–Trypillia

La cultura Cucuteni–Trypillia
Leyenda
Leyenda

La cultura Cucuteni–Trypillia (4800–3000 a.C.) asentada en la actual Ucrania, Moldavia y Rumanía, fue una cultura muy evolucionada para su tiempo que nos dejó grandes misterios sin poder resolver.

Su poblados eran circulares, llegaban a poder albergar poblaciones de hasta 17.000 personas con gran igualdad y equilibrio social. Su jerarquización era muy débil y no parece que tuviesen ningún tipo de élite política.

El detalle más interesante es que estos pueblos eran quemados cada 60 u 80 años, se cree que eran por un ritual que simbolizaría una muerte y purificación. Se trataba de un acto planeado, la casa, casi siempre con una forma femenina, era sacrificada. Incluso los cimientos eran quemados. Después construían un pueblo exactamente igual encima del anterior. Este proceso podía repetirse hasta 13 veces, y en una de estas veces que se quemaba, el poblado entero se desplazaba a varios kilómetros de distancia.

Además, el campo de cenizas generaba una capa purificada y limpia que protegía la tierra y el suelo.

Sus símbolos más utilizados eran serpientes, espirales y el huevo, símbolos de eternidad, regeneración y el origen.

Adoraban a la Gran Diosa madre que solían acompañar por el toro como un símbolo masculino.

Actualmente no hay datos, leyendas ni nada que pueda servirnos para entender mejor esta cultura, pues no dejaron escritos. Pero sí tenemos leyendas que pueden servirnos de referencia, como las ciudades que se quemaban a sí mismas.

Las Ciudades que se Quemaban a sí Mismas

Hace mucho tiempo, cuentan las antiguas leyendas ucranianas y rumanas, que ciertas ciudades desaparecían en el fuego sin que nadie las atacara.

Cuentan que el fuego no destruía, sino que purificaba y protegía.

A veces por castigo de los dioses cuando comprobaban que sus ciudadanos se habían vuelto arrogantes e injustos. Entonces, cuando la ciudad vivía en un tiempo de riqueza y gran prosperidad, la tierra se abría y las casas comenzaban a arder solas como castigo de sus dioses. El fuego purificaba y limpiaba toda negatividad, y de las cenizas surgía una ciudad mucho más justa y equilibrada.

Cuando el pueblo ardía, el humo se elevaba hasta el cielo, haciéndose visible en grandes distancias, alertando a todos y recordando que el mal debe ser purificado.

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