

Un enorme gigante, en compañía de su esposa, iba viajando hacia la isla de Mona, con la intención de establecerse entre los primeros habitantes que se habían trasladado allí, y habiendo sido informado de que no había más que un estrecho canal que la dividía del continente, cogió dos grandes piedras, una bajo cada brazo, para llevarlas consigo como preparativo para hacer un puente sobre este canal, y su dama se hizo llenar el delantal con pequeñas piedras para el mismo propósito; pero, encontrándose en este lugar con un hombre con un gran paquete de zapatos viejos sobre los hombros, el gigante le preguntó cuán lejos estaba Mona. El hombre le contestó que estaba tan lejos que había gastado aquellos zapatos en el viaje desde Mona hasta aquel lugar. El gigante, al oír esto, dejó caer las piedras, una a cada lado de él, donde ahora permanecen erguidas, a unas cien yardas o más de distancia una de otra; el espacio entre ellas estaba ocupado por el cuerpo de este Goliah. Su ama abrió al mismo tiempo su delantal y dejó caer su contenido, que formaba este montón.
Cuento anónimo galés, recopilado por P. H. Emerson en el libro Welsh Fairy-Tales and Other Stories, publicado en 1894







