

En Olsón, un pueblo de la comarca de Sobrarbe de los prepirineos de Huesca, cuentan que había doce brujas que siempre iban desnudas. Se las veía entre los bosques escondidas. Esta antigua leyenda, cuenta la causa de su desnudez.
Hace mucho tiempo, un hombre estaba durmiendo en el claro de un bosque, cerca de la iglesia, cuando vio a doce brujas que danzaban y cocinaban un ungüento mágico. Las brujas se reían maliciosamente y recitaban conjuros mientras preparaban su aquelarre con maleficios para dañar a alguien. Las brujas acostumbraban a hacer maleficios a los bebés recién nacidos, y el hombre sabía de un niño que acababa de nacer en una casa cercana, por lo que supuso que todo aquello sería por ese bebé.
Aprovechando que parecían no haberse percatado de su presencia, se hizo el dormido mientras esperaba que las brujas acabaran sus preparativos.
Cuando la noche estaba en su momento más oscuro, las brujas salieron volando y buscaron la casa con el bebé para llevarle sus maleficios.
En ese momento, aprovechando que las brujas habían salido volando, el hombre recogió un poco del ungüento que las brujas habían fabricado y pidió al ungüento mágico que le diera la habilidad de llegar a tiempo para avisar al bebé. Así pudo llegar a tiempo a la casa de la familia donde había nacido el bebé y pudo avisar a tiempo a sus padres, quienes pudieron proteger al bebé con una imagen religiosa.
Después, con el ungüento que le había quedado, pidió para poder llegar a tiempo donde habían estado las brujas danzando, y llegó antes que ellas. Allí puso imágenes religiosas sobre las ropas de las brujas y se escondió.
Justo al alba, cuando las brujas regresaron, intentaron ponerse sus ropas, pero no podían porque estaba bendecida. Por este motivo, quedaron condenadas a vagar desnudas y esconderse con vergüenza.
Por esta razón, se cuenta que doce brujas siempre vagaban desnudas por los bosques que rodean Olsón.







