Apolo y Dafne
Mitología
Mitología

Cuenta la leyenda, en la mitología griega, que la hermosa ninfa Dafne fue perseguida incansablemente por el dios del sol, Apolo. Apolo, desesperado de amor por ella, se obsesionó con su belleza y gracia en el momento que la vio, intentó seducirla con todos sus encantos, y aun así, no fue correspondido. Dafne era seguidora y devota de la diosa Artemisa.

Un día Apolo se puso a perseguirla, y con cada paso que daba para alcanzarla, ella se alejaba más y más. En un instante desesperado, Dafne pidió ayuda a su padre, el río Peneo, quien, conmovido por la angustia de su hija, la transformó en laurel justo antes de ser atrapada por Apolo.

Con sus pies hincados firmemente en la tierra y sus ramas anhelando la libertad del cielo, Dafne se convirtió en el árbol del Laurel.

En la mitología celta, el laurel era un árbol que representaba la victoria, protegía y entregaba sabiduría. Se asociaba con los guerreros celtas, quienes solían llevar una corona de laurel en la cabeza como símbolo de sus logros personales.

Cuando los celtas querían predecir el futuro, utilizaban las hojas de laurel de diversas formas, por ejemplo, las quemaban y su humo les indicaba la dirección que seguiría su destino.

El laurel representa entonces la transformación, la visión, la clarividencia y la limpieza.

En la antigüedad, las brujas colocaban hojas de laurel bajo la almohada para tener sueños proféticos, pues se decía que podía producir visiones claras.

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