Leyenda
Leyenda

Ne-we-no-nah K’she mŭh

La historia de la mujer que visitaba a un hombre que vivía en un árbol y que podía convertirse en serpiente cuando quería.

Contada por Peter York.

Hace muchísimo tiempo, un indígena vivía con su familia en plena naturaleza, en un bosque salvaje donde no se veía a nadie. Este hombre sobrevivía cazando animales silvestres. Un día notó que su esposa se arreglaba muy bien, algo que continuó durante varios días.

Un día, el hijo mayor le dijo a su padre que la madre se iba cada vez que él salía a cazar. El hombre decidió vigilarla: una mañana se alejó del campamento, pero solo un poco, para observar. Al poco tiempo, la esposa salió vestida con sus mejores ropas. Ella se internó en el bosque y él la siguió para ver qué hacía. La mujer llegó a un gran árbol y golpeó el tronco, igual que si tocara la puerta de una casa. Entonces el hombre vio que del árbol salía un hombre muy apuesto. Comprendió lo que pasaba y decidió que mataría a su esposa cuando regresaran al campamento.

Al volver, encendió una gran hoguera y les contó a sus dos hijos (varones) lo que pensaba hacer, dándoles instrucciones para cuando él se marchara. Por la tarde, cuando la esposa regresó, el hombre la mató y la quemó en el fuego. Después les dijo a los niños que, si veían el cielo enrojecer, sería señal de que él había muerto a manos del amante de su madre.

Al día siguiente, los niños vieron el cielo rojo, lo que significaba que su padre había sido muerto. Entonces huyeron. Antes de irse, el padre les había advertido que su madre los seguiría aunque estuviera muerta, y les dio algunos objetos para pedir ayuda en caso necesario: un punzón, una piedra y una espina.

Cuando vieron que su madre los alcanzaba, arrojaron la piedra, que se convirtió en una gran montaña. Lograron avanzar mucho antes de que ella pudiera treparla. Cuando volvió a acercarse, arrojaron la espina, que se transformó en un enorme matorral de espinos (espinos blancos), dándoles más ventaja. Cuando su madre casi los atrapaba de nuevo, lanzaron el punzón, que se convirtió en cientos de punzones con las puntas hacia arriba; aun así, ella consiguió pasar y siguió persiguiéndolos.

Los niños llegaron a un gran río y vieron un caracol gigante. Le pidieron que los ayudara a cruzar. El caracol se estiró a lo ancho del río y ellos lograron pasar. Cuando la madre llegó, también le pidió al caracol que la llevara. El caracol aceptó, pero a mitad del trayecto la dejó caer al agua, y de ella no se supo más.

Los hermanos siguieron su camino hasta un lago desierto. El mayor hizo un pequeño arco y flecha para su hermano pequeño. Al poco tiempo vieron acercarse a un anciano en una canoa de tronco. Era un hombre malvado. Al ver a los niños, decidió llevarse a uno y dejar al otro. Dijo al pequeño que disparara su flecha hacia el cielo. La flecha cayó dentro de la canoa, y el anciano le pidió al hermano mayor que fuera a buscarla. En cuanto el muchacho subió, el viejo empujó la canoa y se alejó, dejando al menor atrás.

El mayor rogó que llevara también a su hermano, pero el viejo se negó. Cuando llegaron a la casa del anciano, el muchacho estuvo encerrado varios días sin poder escapar. Un día, el anciano le dijo que podía salir con él. Fueron a una gran colina y el viejo le propuso deslizarse en un trineo cuesta abajo. Quería que el chico se sentara delante, pero el joven prefirió ir atrás. Había tocones y piedras en la pendiente y, al bajar a gran velocidad, el muchacho golpeó una piedra a propósito y mató al anciano.

Entonces recordó a su hermanito y volvió a buscarlo. Cuando llegó al lugar donde lo había dejado, vio un lobo que era su hermano, transformado en mitad lobo y mitad niño. Los indígenas creen que así fue como apareció el lobo. El hermano pequeño, muerto de hambre, se había convertido en parte lobo. Aquí termina esta historia.

Cuento popular Ojibwa, recopilado por Col. Geo. E. Laidlaw en Ojibwa Myths and Tales, publicado en 1915. La serie de cuentos publicado en ese libro, fueron recogidos directamente en el lago Couchiching en Ontairo, de John York y Peter York.

Otros cuentos y leyendas