
En el principio de los tiempos existía “Leai”, el Vacío. De “Lea” nació “Nanamu”, un buen aroma. Y de ahí surgió el “Efuefu”, el vapor o humo que llenaba el “Leai”.
De este humo se formaron las nubes y más tarde “Eleele”, la tierra.
Cuando se formó la Tierra, Tangoloa, el ser primordial, el creador, surgió y creó “Masina”, la luna, “Lan”, el mar y el agua sin sal. Después de una enorme conmoción natural, el sol y la luna huyeron hacia el cielo. El mar se tragó la superficie sólida de la tierra. Y de ahí surgió el fuego, que se casó con el agua y dio origen a Samoa. Esta recién nacida Samoa fue el hogar de sólo dos criaturas que sobrevivieron a la violenta convulsión natural, el “Moa” -el pollo- y la paloma, y pronto quedó cubierta por un manto verde de musgo y hierba, del que se formaban árboles, arbustos, enredaderas, serpientes, y finalmente nació el hombre.
Mito de las islas Samoa, de Oceanía, recopilado en finlandés, en el libro anónimo de Samoan ihmesaarilta, en 1911






