Las Tres Palomas Hijas del Diablo

Versión Las tres palomas hijas del diablo Castellano Estándar

Criaturas fantásticas
Criaturas fantásticas
Cuentos con Magia
Cuentos con Magia

Resulta que había un joven de veinticinco años que no tenía ningún vicio. Había muchas tentaciones, pero él no se dejaba dominar por ninguna. Sin embargo, una vez llegaron unos amigos, le enseñaron a jugar y él aprendió muy bien. En ese lugar ya nadie quería jugar con él porque les ganaba a todos. Al ver que nadie quería jugar con él, se aburrió, agarró una alforja y la llenó de plata —plata blanca, que era la moneda de ese tiempo—. Ensilló una mula de las mejores que tenía y dijo antes de salir:

—Si al diablo lo encuentro, al diablo le juego.

Después de caminar unas seis leguas desde su casa, encontró a un hombre montado en una mula blanca y se saludaron. Caminó un trecho y volvió a encontrar al mismo hombre por segunda vez, saludándolo de nuevo de la misma manera. Caminó otro trecho y lo encontró por tercera vez. Entonces el hombre le preguntó al joven qué había dicho cuando salió de su casa. Y él respondió que no se acordaba. Pero el hombre pensó y recordó que sí, que había dicho que si encontraba al diablo, le jugaría.

—Yo soy el diablo —le dijo el hombre—, así que juguemos.

Jugaron, y el diablo le ganó todo el dinero que llevaba el joven. Siguieron jugando y el diablo le ganó la montura y la mula. Le ganó todo. Al verse perdido, el joven le dijo:

—Te juego mi alma.

Y el diablo le ganó hasta el alma.

El diablo le dijo que le devolvería la mula ensillada y la plata, que solo quería el alma. Le dio un plazo de un año para que fuera a un lugar llamado La Laguna del Pan, donde lo esperaría para llevarse su alma. Le dijo que tomara la dirección donde nace el sol. Así lo hizo el joven.

Al año, el joven emprendió el camino. Caminó mucho y finalmente llegó a una casa donde vivía una viejita. Le preguntó dónde quedaba esa laguna. Ella contestó que no lo sabía, pero que preguntaría a sus hijos.

—Tal vez mis hijos sepan dónde está esa laguna —dijo.

Hizo sonar una caja, y los hijos de la viejita, que eran aves pequeñas, aparecieron. El joven preguntó y preguntó, pero ninguno sabía dónde quedaba la laguna.

Entonces la viejita le dijo que siguiera camino, que vivía su hermana, quien quizá supiera dónde estaba la laguna.

El joven siguió caminando y, después de varias semanas, llegó a la casa de la hermana. Preguntó por La Laguna del Pan. La viejita dijo que no sabía, pero que tal vez sus hijos sí. Tocó una quena y llegaron los hijos, que eran aves medianas. La viejita preguntó por la laguna y ninguno sabía nada. Luego le dijo que siguiera su camino, que encontraría otra amiga.

Siguió caminando y, al cabo de una semana, llegó a otra casa. Preguntó a la dueña si sabía dónde estaba la Laguna del Pan. La viejita respondió que no, pero que sus hijos tal vez sabrían. Los hijos eran aves grandes. Agarró una campana y llamó varias veces. Empezaron a llegar todo tipo de aves: cuervos, caranchos, águilas, cóndores, halcones. Faltaba una águila real, y la esperaron un buen rato. Finalmente llegó y le preguntaron si conocía la Laguna del Pan. Ella respondió que casualmente venía de allí, que estaba muy lejos.

Entonces el joven le pidió al águila que lo llevara. El águila le dijo que era imposible volar tan lejos con él porque se quedaría sin comida. Él le dijo que no importaba y compró un cordero gordo para que el águila comiera en el camino.

Cuando todo estuvo listo, emprendieron el vuelo. Volaron un día entero. El águila se comió la mitad del cordero. Siguieron volando y el águila se comió la otra mitad. Faltaba volar toda una mañana, y a las doce debían llegar. Ya no quedaba comida. Entonces el águila le dijo al joven que no podía volar más por falta de alimento. El joven se cortó una rebanada de la pierna y se la dio para comer. Llegaron a las doce a la Laguna del Pan. Allí lo dejó el águila.

Antes de irse, el águila vomitó el pedazo de pierna y se lo puso al joven; en ese momento se curó, como si nunca se hubiera cortado. El águila le dijo que quería salvarlo y que le contaría lo que pasaba allí para que pudiera defenderse.

—Aquí hay tres palomas que vienen a bañarse en esta laguna. Son tres niñas convertidas en palomas. Son las hijas del diablo. Las dos mayores son perversas, pero la menor tiene buen corazón. Debes hacerte amigo de ella, que te salvará. Se llama Turquía. Cuando entren al agua, tienes que agarrarle unas plumas a la menor para que ella te pueda encontrar cuando busque sus plumitas.

El águila se despidió y se fue.

El joven esperó cerca de la laguna. Finalmente llegaron las tres palomas. Se quitaron las plumas y se convirtieron en tres niñas, y entraron al agua. El joven se escondió cerca de donde dejaron el plumaje. Mientras ellas se bañaban, él escondió tres plumas de la menor.

Las niñas terminaron de bañarse y salieron. La menor notó que le faltaban las plumas y empezó a buscarlas entre los pastos. Como las otras dos eran perversas, no la esperaron y se fueron. Cuando se fueron, apareció el joven y le habló a la niña. Entonces él le contó todo y le dijo cómo había llegado hasta allí para entregar su alma. Ella le dijo que el padre estaba en la casa y que esperaba a un joven, que era él. Se hicieron amigos, y ella le prometió salvarlo. Le dijo que la llamara Turquía y que cuando la necesitara, solo dijera su nombre y ella aparecería. Se despidieron.

El joven se presentó ante el diablo. El diablo, que no creía que él viniera, le dijo que por primera vez cumplían una orden suya. Le dijo que por eso le perdonaba la vida y no lo mataría. Que le mandaría hacer algunos trabajos, y si los hacía bien, lo perdonaría por completo. Le dio semillas de zapallo, sandía y maíz y le dijo que las sembrara y que para las doce del día trajera zapallos, sandías maduras y choclos.

El joven se puso a llorar. ¿Cómo iba a traer eso? ¿De dónde iba a sacar esas cosas? Mientras lloraba, recordó a Turquía, la nombró y ella apareció.

Él le contó el trabajo que tenía que hacer, y ella le dijo que no era nada, que se acostara a dormir, que enseguida le traería todo. Al poco tiempo se despertó y encontró los zapallos, las sandías y los choclos.

El joven fue y se los llevó al diablo, quien le dijo que estaba muy bien y que descansara para el día siguiente.

A la mañana siguiente le dijo que tenía que traerle un anillo que había perdido su padre junto al mar.

El joven se fue más triste que nunca, llorando, y recordó a Turquía. La llamó y ella apareció. Le preguntó qué le pasaba y él le contó que el diablo le había mandado buscar el anillo. Ella le dijo que no se preocupara, que le traería un polvo que indicaría dónde estaba el anillo. Sacó un cartucho con polvo y le dijo que siguiera un camino hacia el mar y que fuera esparciendo el polvo por el camino. Donde cayera todo el polvo, tendría que cavar.

Así lo hizo. Caminó por el camino y en un lugar donde se cayó todo el polvo, cavó y encontró el anillo. Lo sacó y fue a mostrarlo al diablo. Le entregó el anillo y el diablo le dijo que descansara porque tenía otra misión.

Al día siguiente lo llamó y le dijo que fuera a buscar la guitarra de oro con cuerdas de diamantes y clavijas de plata que había perdido su abuelo en la orilla del mar, y que tenía dos días para hacerlo.

El joven salió más triste que nunca. Llamó a Turquía y le contó la misión. Ella le dijo que era muy difícil encontrar esa guitarra, pero que haría todo lo posible. Clavó un cuchillo en la orilla del mar y le dijo que cuando la sombra del cuchillo llegara al agua, debía irse al mar, porque ya no habría esperanza de encontrar la guitarra. Y ella se fue a buscarla.

Ella buscó mucho, preguntó a todos los animales, entró al mar y preguntó a los peces. Después de mucho buscar, uno le dijo que había visto la guitarra de oro en un reino debajo del mar. Ella fue a buscarla allí, muy lejos.

El joven miraba la sombra del cuchillo, desesperado porque pasaba el tiempo sin noticias de Turquía y la sombra estaba a punto de llegar al mar. Ya estaba a punto de irse al mar cuando vio una llamita sobre el agua: era la guitarra que ella llevaba flotando. El joven se puso muy contento al verla llegar con la guitarra. Allí se saludaron felices. Ella le preguntó si la quería, y él dijo que sí. Entonces ella le pidió que le cortara un pedacito de un dedo, el dedito pequeño. Él no quería, preguntó cómo podía cortarse el dedo, y ella le explicó por qué: el padre le iba a vendar los ojos y pondría a las tres niñas delante para que él eligiera esposa. Así él podría reconocerla por el dedo cortado. Él le cortó la punta del dedo y se fue con la guitarra a presentarse ante el Rey diablo.

Entregó la guitarra y él le dijo que estaba muy bien.

Luego lo llamó y le dijo:

—Ahora te casarás con una de mis hijas.

Le vendaron los ojos y pusieron a las tres delante. Él tenía que elegir la que quisiera. Tocó las manos de las tres hasta dar con la menor.

Entonces los llevaron a la orilla del mar para casarlos. El mar se embraveció y se llevó al diablo. El joven quedó dueño de todo y del reino. Se salvó él y se salvó la niña.

Texto Original

SALTA

Resulta que era un muchacho de veinticinco años que no tenía ningún vicio. Había muchas tentaciones, pero él no se dejaba dominar por ninguna. Pero en una ocasión vinieron unos amigos, le enseñaron a jugar y él aprendió muy bien. Que ya en ese lugar no le quería jugar nadie porque les ganaba a todos. Y al ver que nadie le jugaba si aburrió, agarró una alforja y la llenó de plata -plata blanca era la que corría en ese tiempo-. Ensilló una mula de las mejores que tenía y dijo antes de salir:

-Si al diablo lo encontrara, al diablo le jugara.

Y cuando caminó más o menos seis leguas de la casa, encontró un señor que iba montado en una mula blanca y se saludaron. Caminó un trecho y lo encontró al mismo señor por segunda vez y lo saludó en la misma forma. Caminó otro trecho y lo encontró. La tercera vez ya lo habló. Le dijo el hombre al joven que qué había dicho al salir de su casa. Y él le dijo que no si acordaba. Y entonce él pensó hasta que si acordó que había dicho que si al diablo lo encontrara, al diablo le jugara. 

Y el hombre le dijo que él era el diablo y que se pusieran a jugar. Y jugaron. Y le ganó el diablo al joven todo el dinero que llevaba. Y siguieron jugando y el diablo le ganó la montura chapada y la mula. Le ganó todo. Y al verse perdido, el joven le dijo:

-Le juego mi alma.

Y le ganó el diablo hasta el alma.

Y le dijo el diablo al joven que le devolvía la mula ensillada y la plata, que tan sólo él quería el alma. Y le dio plazo di un año que vaya a un sitio que se llamaba La Laguna del Pan, donde lu iba a esperar pa que le entregue el alma. Que tomara la dirección donde nacía el sol. Y así hizo el joven.

Al año, el joven se encaminó por ese camino. Caminó mucho y al fin llegó a una casa ande vivía una viejita. Le preguntó dónde quedaba esa laguna. Le contestó la viejita que ella no sabía, pero iba a averiguar a los hijos.

-Tal vez mis hijos sepan de esa laguna -dijo.

Hizo sonar una caja y los hijos de ella, que eran las aves más pequeñas, vinieron. Preguntó y preguntó a los hijos y ninguno sabía de la laguna ésa.

Y le dijo la viejita que siga el camino más adelante, que vivía una hermana de ella, que tal vez ella supiera de esa laguna.

Siguió caminando el joven y llegó después de varias semanas a esa casa. Y preguntó de La Laguna del Pan. Y le dijo la viejita que ella no sabía, que tal vez los hijos lo sabían. Y agarró una quena y se puso a tocar hasta que llegaron los hijos, que eran las aves medianas. La viejita preguntaba a todas por la laguna y ninguna sabía. Después le dijo la viejita que siga su camino. Y que iba a encontrar otra amiga.

Siguió el joven caminando y llegó al cabo de una semana a esa casa. Y le preguntó a la viejita dueña de casa si sabía dónde ‘taba la Laguna del Pan. Y le dijo que ella no sabía, pero que tal vez los hijos sepan algo. Los hijos eran las aves grandes. Agarró una campana y llamó varias veces. Y empezaron a llegar las aves de toda clase: cuervos, caranchos, águilas, cóndores, halcones. Y faltaba una águila rial. Y la esperaron un buen rato. Y por fin llegó. Y le preguntaron si conocía la Laguna del Pan y le contestó que casualmente venía de ahí, que quedaba muy lejo.

Y entonce el joven le dijo a l’águila si lo podía llevar. Y le dijo l’águila que era imposible volar con él tan lejo, porque le faltaría de comer. Y él le dijo que no había inconvenientes. Compró un cordero gordo pa que comiera en el camino l’águila.

Cuando tuvieron todo pronto, emprendieron el vuelo. Y caminaron un día. L’águila se comió la mitá del cordero. Siguieron volando y l’águila se comió la otra mitá. Le faltaba volar toda una mañana, a las doce tenían que llegar, y ya no tenía comida. Entonce l’águila le dijo al joven que no podía volar por falta de comida. Y el joven se cortó una rebanada de una pierna y le dio de comer. Y llegaron a las doce a la Laguna del Pan. Áhi lo dejó l’águila.

Antes de irse l’águila vomitó el pedazo de pierna y se la puso al joven, en el mismo momento se curó y quedó como si no se hubiera cortado nada. Le dijo entonce l’águila, que ella quería salvarlo y que le iba a contar lo que áhi pasaba para que se defendiera.

-Hay acá tres palomas que se vienen a bañar en esta laguna. Son tres niñas convertidas en palomas. Son las hijas del diablo. Las dos mayores son perversas, pero la menor es de güen corazón. Tenía que hacerte amigo de ésta, que ella te va a salvar. Se llama Turquía. Cuando s’entren al agua, le tenís que agarrar unas plumitas de la menor y así ella te va a encontrar, cuando busque sus plumitas. Y l’águila se despidió y se fue.

Y él se quedó esperando cerca de la laguna. Al fin llegaron las tres palomas. Se sacaron las plumas y se convirtieron en tres niñas y s’entraron a l’agua. El joven s’escondió cerca de donde dejaron el plumaje. Mientras ellas se bañaban, él escondió tres plumas de la menor.

Se bañaron las niñas y salieron. La menor echó de menos las plumas y se quedó buscandolás entre los pastos. Como eran perversas, las otras dos no la esperaron. Cuando se fueron ellas, se le apareció el joven y le habló a la chica. Entonce él le contó todo a la niña y le dijo cómo había llegado a ese lugar tan lejos para entregar el alma. Ella le dijo que el padre estaba en la casa y que esperaba a un joven, que era él. Y s’hicieron amigos con la niña, y ella le prometió salvarlo. Y le dijo que la llamara Turquía, y que cuando la necesitara dijiera su nombre y ella s’iba aparecer, y se dispidieron.

El joven se presentó ante el diablo. El diablo, que no creía que él viniera, le dijo que por primera vez cumplían una orden de él. Le dijo que por eso le perdonaba la vida y no lo mataba. Que lu iba a mandar a hacer algunos trabajos y que si los hacía bien lu iba a perdonar del todo. Le dio semillas de zapallo, de sandía y maíz y le dijo que las sembrara y que para las doce del día, que traiga zapallos y sandías maduras y choclos.

El joven se puso a llorar. Cómo iba a trair eso; di ánde iba a sacar eso. Y tanto llorar si acuerda de Turquía, la nombra, y ella se presenta.

Él le contó el trabajo que tenía qui hacer y ella le dijo que no era nada, que si acueste a dormir, que en seguida ella le iba a trair. A la hora se despertó y encontró los zapallos, las sandías y los choclos.

El joven fue y le llevó al diablo todo. Y le dijo el diablo que ‘taba muy bien, que descansara para mañana.

Al otro día temprano le dijo que le tenía que trair el anillo que perdió el padre de él, junto del mar.

Entonce se jue el joven más apenado que nunca. Se puso a llorar y si acordó de Turquía. Y la llamó y si apareció al momento. Le preguntó qué le pasaba y le dijo que lo había mandado el diablo, que buscara el anillo que perdió el padre. Ella le dijo que no si aflija, que ya l’iba a trair un polvito que le indicara dónde ‘taba el anillo. Trajo un cartucho con polvos. Y le dijo que siguiera un camino hacia el mar y vaya largando el polvito ése por el camino. Donde caiga todo el polvo, que cavara. Y hizo así. Fue por el camino y en una parte cayó todo el polvito del cartucho. Áhi se puso a cavar y encontró el anillo. Y sacó el anillo. Y se fue a ver al diablo. Le entregó el anillo. Y le dijo que descansara para mañana, que tenía otra misión.

Al otro día lo llamó y le dijo que fuera a buscar la guitarra di oro, cuerdas de diamantes y clavijas de plata que perdió el agüelo de él en la orilla de la mar, que le daba dos días de plazo.

Y salió más triste que nunca. Se fue muy triste, y llamó a Turquía y le dijo la misión que tenía que cumplir. Ella le dijo que era muy difícil encontrar esa guitarra, pero que iba a hacer todo lo posible. Clavó un cuchillo en la orilla del mar, y le dijo que cuando la sombra del cuchillo llegue a las aguas del mar, que se largue él para el mar, porque ya no había esperanzas de encontrar la guitarra. Y ella se fue a buscarla.

Ella anduvo mucho. Preguntó a toda clase de animales. Dentró al mar, preguntó a los peces. Y después de mucho averiguar, uno solo le dijo que había visto la guitarra di oro, en un reinato abajo del mar. Y ella se fue a buscarla áhi, que era muy lejos.

El mozo taba mirando la sombra del cuchillo, y ‘taba desesperado porque pasaba tanto tiempo sin noticias de la niña y la sombra ya faltaba muy poco para que llegara al mar. Ya se iba a largarse al mar, cuando alcanzó a ver sobre las aguas una llamita. Y era la guitarra que venía a flote de agua, la traía ella. Y el joven se puso muy contento al verla llegar con la guitarra. Y áhi se saludaron muy contentos los dos. Y le dijo ella a él si la quería. Y él le dijo que sí. Entonce le dijo ella que le cortara un pedacito de un dedo, de estito, el dedito chico. Y él no quería por nada, que cómo le iba a cortar el dedo. Entonce ella le esplicó por qué. El padre le iba a vendar los ojos a él, y a las tres niñas las iba a poner al frente para que él elija por esposa a una. Entonce así él podía reconocerla a ella por el dedito cortado. Y entonce él le cortó la punta del dedo. Y se fue con la guitarra a presentarse ante el Rey diablo.

Entregó la guitarra, y él le dijo que estaba muy bien.

Y después lo llamó y le dijo:

-Ahora te casarás con una de mis hijas.

Le vendó los ojos a él y a ellas las hizo poner al frente. Él tenía que elegir la que le gustara. Él les tocaba las manos a las tres hasta que dio con la menor.

Entonce los llevó a la orilla del mar a casarlos. Y entonce el mar se embraveció y lo llevó al diablo. Y el joven quedó dueño de todo y con el reinato. Se salvó él y se salvó la niña.

Alfonso Barrios, 31 años. Finca del Rey. Anta. Salta, 1952.

Cuento popular argentino recopilado por Berta Vidal de Battini en Cuentos y Leyendas populares de la Argentina en 1980, texto publicados en la Biblioteca Virtual de Miguel de Cervantes

Otros cuentos y leyendas