Ye Xian

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Criaturas fantásticas
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Amor
Amor

Entre la gente del sur existe una tradición según la cual antes de las dinastías Ch’in y Han había un «dueño de caverna» llamado Wu. Los nativos llamaban al lugar «La caverna de Wu”.

Wu tenía dos esposas. Una esposa murió. Esta tenía una hija llamada Yeh-hsien, quien desde la niñez se había mostrado inteligente y hábil para hacer cerámica en el torno. Su padre la amaba.

Luego de algunos años, el padre murió.

La joven era maltratada por su madrastra, quien siempre la hacía juntar leña en lugares peligrosos y sacar agua de pozos profundos. Una vez la joven atrapó un pez de como dos pulgadas de largo, con aletas rojas y ojos dorados y lo puso en un recipiente con agua.

El pez se hizo más grande cada día, y luego de que la muchacha tuvo que cambiarlo de recipiente varias veces y que ya no pudo encontrar uno suficientemente grande, lo colocó en el estanque trasero. Todo lo que quedaba de restos de comida lo ponía en el agua para alimentar al pez.

Cuando la joven se acercaba al estanque, el pez sacaba su cabeza del agua y la recostaba sobre la orilla, pero si llegaba cualquier otra persona, el pez no aparecía. La madrastra se enteró de esto, pero cuando se puso a espiar, no lo vio aparecer ni una sola vez. De modo que engañó a la muchacha diciendo:

-¡Has trabajado mucho! Te daré un vestido nuevo.

Hizo entonces que la joven se cambiara sus ropas gastadas, luego la envió a buscar agua de otro manantial y sabiendo que éste estaba a muchas leguas de distancia, se puso las ropas de la hija, escondió una navaja afilada en la manga, y fue hacia el estanque. Llamó al pez.

Inmediatamente, el pez sacó la cabeza del agua. Entonces la madrastra le cortó la cabeza y lo mató, el pez había alcanzado ya un largo de más de diez pies.

La madrastra lo sirvió para comer, y resultó ser más sabroso que cualquier pescado ordinario, y escondió las espinas bajo el estercolero.

Al día siguiente, cuando la joven fue al estanque, el pez no apareció, entonces aquella se lamentó de pena a campo abierto y, de repente, apareció un hombre con el cabello suelto sobre los hombros y vestido con ropas burdas; había bajado del cielo. La consoló diciendo:

-No te lamentes. Tu madrastra mató al pez y sus espinas están bajo el estercolero. Vuelve, toma las espinas del pescado y escóndelas en tu habitación. Si deseas alguna cosa, sólo tienes que pedírsela para obtenerla. Es seguro que lo que quieras se conceda.

La joven siguió su consejo y así pudo obtener oro, perlas, vestidos y comida cuando lo deseara. Cuando llegó el día del festival de la caverna, la madrastra asistió, dejando a la joven para que cuidara de los frutales del jardín. La joven esperó hasta que la madrastra se hubo alejado y luego salió también, vestida con un vestido de material tejido con plumas de alción y zapatos de oro. Su hermanastra la reconoció y le dijo a la madre:

-Se parece a mi hermana -, la madrastra sospechó lo mismo. La joven se dio cuenta y se fue tan apurada que perdió un zapato, y una de las personas que estaba en la caverna recogió el zapato.

Cuando la madrastra llegó a la casa encontró a la muchacha dormida con sus brazos alrededor de uno de los árboles del jardín, y al ver esto ya no pensó más en el asunto. La caverna se encontraba cerca de una isla que estaba en el mar; en esta isla había un reino llamado T’o-han y sus soldados habían conquistado otras veinte o treinta islas. La isla tenía una costa de varios miles de leguas.

El hombre de la caverna vendió el zapato en T’o-han, y fue el gobernante de T’o-han quien lo adquirió. Este pidió a la gente que estaba a su alrededor que se lo pusiera, pero el zapato era de una sola pulgada, demasiado chico como para calzar aun a aquellos que tenían los pies más pequeños. Ordenó a todas las mujeres del reino que se lo probaran, pero a ninguna le calzó.

El zapato era tan liviano como una pluma y no hacía ruido, aunque se caminara con él sobre piedras. El rey de T’ohan pensó que el hombre de la caverna lo había conseguido ilegalmente, lo puso en prisión y lo torturó; pero no logró averiguar de dónde venía el zapato, de modo que lo dejó a un lado. Luego fueron por todas partes algo parece estar ligeramente equivocado en el texto, según nota de Waley y por todas las casas arrestando a la gente. Si encontraban un zapato de mujer, los arrestaban y se lo comunicaban al rey de T’o-han.

El rey pensó que todo esto era muy extraño, de manera que registró incluso en las habitaciones interiores y así encontró a Yeh-hsien. Hizo que se pusiera el zapato y ésta lo calzó. Entonces Yeh-hsien se adelantó, llevando su vestido tejido con plumas de alción y sus zapatos. Se veía hermosa como un ser celestial. Desde entonces rindió servicio al rey, quien recogió las espinas de pescado y a Yeh-hsien y los llevó a su país.

Poco después cayeron piedras sobre la madrastra y la hermanastra, matándolas. La gente de la caverna se compadeció de ellas y las enterró en un nicho de piedra que se llamó la Tumba de las Mujeres Angustiadas.

Los hombres de la caverna hicieron ofrendas de matrimonio en ese lugar; cualquier muchacha que desearan y por la cual pidieran, la obtendrían.

Cuando el rey de T’o-han regresó a su reino, hizo de Yeh-hsien su esposa principal.

Durante el primer año, el rey fue muy ambicioso, y mediante sus plegarias a las espinas obtuvo tesoros y jade en cantidad sin límite.

El año siguiente no hubo respuesta, de modo que el rey enterró las espinas a orilla del mar. Las cubrió con cien fanegas de perlas y las rodeó de oro. Más tarde, se produjo un motín entre algunos soldados que habían sido conscriptos, y su general abrió el lugar secreto con el fin de tener mejores provisiones para su ejército. Así, una noche la marea se llevó las espinas.

Esta historia me la contó Li Zi yuan, quien ha estado a servicio de mi familia por largo tiempo. El mismo había sido originalmente un hombre de las cavernas de Chuang Tzu y recuerda muchas cosas extrañas del sur.

Traducción de Arthur Waley al texto de Duan Chengshi (863 d.C) que es parte de la colección de relatos en torno a la Cueva de la Montaña de Youyang, conocida bajo el título Youyang zazu.

Ye Xian
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Duan Chengshi

Duan Chengshi (863 d.C) fue un poeta y escritor chino, de la dinastía Tang.

Conocido por trascribir Ye Xian, La Cenicienta china, también describrió el comercio de esclavos, el comercio del marfil y del ámbar gris.

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