Angulimala
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Cuentos con Sabiduría

Cuenta la leyenda que Angulimala fue uno de los devotos de Budha, pero antes, fue un perturbado asesino que acabó con la vida de 999 personas, a todas las cortaba un dedo, y estos dedos los utilizó como cuentas para un collar sagrado, un mala.

Según la leyenda, la persona número mil que Angulimala iba a asesinar fue Budha. Angulimala lo seguía con gran rapidez, y Gautama Budha caminaba despacio, incluso en ocasiones no se movía, pero aun así, Angulimala no pudo alcanzarlo. Tras muchos intentos de asesinado, y aceptando que no podía asesinarlo, se convirtió en su discípulo.

En la leyenda de Angulimala se mezclan enseñanzas budistas con antigua mitología hinduista.

La leyenda cuenta que hace mucho tiempo, el Rey Prasenajit tenía un ministro que pertenecía a la casta más alta, y que era muy sabio, inteligente, y extremadamente rico.

Cuando su esposa se quedó encinta, y hubieron pasado los meses, nació un hijo que era incomparablemente hermoso, y físicamente perfecto. Como era costumbre, llamaron a un adivino para que contase los designios del niño, y este sabio dijo: “Este niño está perfectamente dotado con los signos de la virtud. Será sabio e inteligente, y sobresaldrá por encima de los demás.”

Con los años, el niño creció y se convirtió en un joven fuerte y bello. Era muy amado por todos y era de gran inteligencia.

Al ver las grandes cualidades de su hijo, el ministro y su mujer llevaron a Angulimala con un Brahmín, con mucho reconocimiento, para que aprendiera con él.

Desde el principio, el Brahmín honró y alabó a Angulimala excesivamente, y le tenía por el mejor de sus estudiantes. Mientras estudiaba, la esposa del Brahmín se enamoró de Angulimala y buscó la forma de acercarse a él.

En un viaje que el Brahmín tenía que hacer con sus discípulos, al tener que elegir el discípulo que se quedara en la casa para cuidarla a ella, la mujer insistió en que fuese Angulimala, ya que era el más fuerte e inteligente. Y el Brahmín accedió. Él y sus discípulos marcharon y Angulimala quedó en la casa con la esposa del Brahmín.

La esposa del Brahmín intentó entonces saciar sus deseos, pero Angulimala la rechazó, y esto la enfureció en gran medida. Cuando su esposo llegó, ella se rompió el vestido, se arañó la cara y se tiró al suelo para que le vieran así al llegar. Cuando el Brahmín llegó, le contó que Angulimala intentó forzarla y ella le había rechazado y había logrado evitar la deshonra pero él la había hecho mucho daño.

El Brahmín la creyó, y viendo la fuerza de Angulimala y el poder de su familia, sabía que no podía enfrentarse a él directamente, así que pensó una trampa para engañarlo.

Entonces el Brahmín le contó a Angulimala que él tenía una enseñanza secreta y quería entregársela a él. Le dijo que si le hacía caso, renacería como el dios Brahma.

Angulimala le imploró que le transmitiera esa enseñanza secreta y el Brahmín le dijo que primero tendría que ayunar siete días y siete noches, después cortar la cabeza de mil personas, cogiendo un dedo de cada uno, con esos dedos hacer un collar que colgaría de su cuello. Y en el momento en que tuviera el collar con los mil dedos, renacería como el dios Brahmán.

Angulimala dudaba y le preguntó que cómo quitar la vida podría ser de ayuda para convertirse en un hombre santo.

La vida, le dijo el Brahmín, es sufrimiento, quitar la vida, es despojar a otros de su sufrimiento. Si dudas de mi palabra no podrás permanecer aquí conmigo y deberás irte a otro lugar.

Entonces el Brahmín cogió su espada, realizó un conjuro mágico, escupió sobre la espada con saliva llena de las palabras del conjuro y la clavó en la tierra, para que la rabia y el dolor quedaran en Angulimala atrapados. Luego le dijo que cogiera esa espada para realizar su tarea y asesinar a las mil personas.

Angulimala, tal como le dijo su maestro, cogió la espada y salió corriendo. A los dos días ya había matado a noventa personas y un collar de dedos amputados colgaba de su cuello.

A los siete días, había asesinado a novecientas noventa y nueve personas. Y listo para asesinar a la última persona, buscó con desesperación a su última víctima.

Las gentes, que sabían que un asesino terrorífico estaba dañando a tanta gente, no salían de sus casa y le rehuían, por lo que Angulimala tubo que buscar por todo el país.

La leyenda cuenta que en ese momento, la madre de Angulimala preocupada fue a ver a su hijo, y cuando le encontró este se acercó a ella para matarla. La madre le dijo: “¡Hijo! ¿Por qué cometes estos horribles actos?¿Por qué estás asesinando a todas estas presonas?”

El hijo le contó la verdad, le dijo que su maestro le había mostrado la verdad: “Mi maestro me mostró el camino, madre. Si libero a mil almas del sufrimiento de la vida en siete días, y cuelgo sus dedos alrededor de mi cuello, renaceré como el dios Brahma. Sólo sigo sus enseñanzas. Ya liberé a novecientas noventa y nueve personas, sólo me falta una y esa persona eres tú, madre.”

La madre del joven se desesperó, pero en aquel momento apareció Buda, que paseaba por aquella zona, y tranquilamente se acercó a él.

Cuando Angulimala vio a aquél monje, decidió asesinarlo, en vez de asesinar a su madre.

Entonces, Buda quedó ahí parado, y Angulimala intentaba acercarse a él pero no podía. Luego Buda salió caminando lénta y tranquílamente, y Angulimala corrió tras él con su sable en alto para matarlo por la espalda, pero por más que corría no le alcanzaba. Angulimala se agotó y se encontró incapaz de coger a aquél monje.

Acabó gritándole: “¡Monje, detente! ¡Hoy te mataré!”

Buda le dijo: “Yo estoy aquí detenido, pero tú no lo estás” 

Angulimala iba tras él pero no lo podía tocar, no lo podía coger, no podía llegar a él:

Angulimala preguntó: “¿Cómo es que tu estas parado, aún moviéndote; y yo que estoy quieto no estoy parado? ¿Cuál es la razón?”

El Buda dijo: “Yo estoy siempre parado porque todos mis sentidos están plenamente conscientes, y yo he obtenido el poder de la concentración. Pero tú, debido a que has aprendido una enseñanza errónea de un maestro malvado, confías en las malas acciones. Debido a que tu mente ha sido hipnotizada, cometes incontables maldades día y noche.”

Entonces Angulimala se despojó del hechizo de ira y mal que el Brahmín le había entregado, tiró la espada. Se postró ante Buda y le gritó: “Hombre santo, ¡Ten compasión de mí! ¡Enséñame!”

Entonces Buda le aceptó como discípulo, le llevó con los demás monjes y desde entonces Angulimala se convirtió en el budismo.

Leyenda budista de Angulimala

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