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Aisha Ramada

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Cuento Marroquí – Aisha Ramada
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Erase una vez, hace mucho tiempo, un hombre de edad avanzada que se había casado con dos mujeres. Una era dulce, bondadosa y muy bella. La otra esposa era mala y fea, y además una malvada bruja.

Sus esposas le dieron dos hijas, una cada esposa. La bella dio a luz una niña tan guapa como la madre, y la otra tubo una hija fea y malvada.

Un día, las mujeres del anciano fueron con su burro al río a lavar la ropa, y unos ladrones se llevaron el burro. Las mujeres no supieron que hacer con su carga de ropa, y la bruja convenció a la otra esposa en transformarla en vaca y poder volver a llevar la ropa en sus lomos hasta la casa, y le aseguró que al llegar a casa y vaciar la carga, le transformaría nuevamente en mujer. La mujer aceptó y la bruja le transformó en vaca, cuando llegaron a casa rompió su promesa y metió a la bella esposa en el establo.

Desde aquel día, la hija de la mujer vaca comenzó a sufrir malos tratos por parte de la madrastra y la hermanastra. La humillaban, le tiraban ceniza a la cara y su cabello, y le enviaban a realizar las peores tareas, así empezaron a llamarla Aisha Ramada, «sucia de cenizas»

La joven, cada día era más bella, y aunque no paraban de lanzarle ceniza, siempre se veía peinada y limpia. Entonces la bruja espió para ver lo que Aisha Ramada hacía, y por la noche, descubrió que la vaca iba a la alcoba de la muchacha, le acariciaba, le besaba, le bañaba, le peinaba y cuando la niña estaba limpia, volvía al establo.

Entonces la bruja llevó a la vaca al carnicero, sacrificó al animal y cortó su carne en pedazos.

Vendió la carne por todo el pueblo, y cuando la hija descubrió la atrocidad de su madre, tubo que ir de casa en casa recogiendo todos los huesos de su pobre madre.

Los lavó, los perfumó y los envolvió en una tela de lino. Luego los enterró en el cementerio.

Después de un tiempo, el rey de la zona anunció un festejo en su palacio e invitó a gentes de todos los lugares.

La bruja llevó a su hija a la fiesta y ocupó a su hijastra con muchas tareas durante todo el día y toda la noche para evitar que pudiera tener tiempo de ir a la fiesta del rey.

Sin embargo, la madre de Aisha apareció en luz, vistió a su hija con un precioso vestido, le peinó sus cabellos, le puso unas preciosas y delicadas babuchas y le acompañó hasta el palacio.

La joven causó gran admiración por su belleza. Pero, avisada por su madre, la joven abandonó la fiesta antes de caer la noche, y en la prisa, perdió una de sus babuchas en el camino.

El rey encontró la babucha de la joven y anunció que tomaría por esposa a la dueña de aquella pequeña y preciada babucha.

Tras buscar por todo el reino, dieron con Aisha, y al ver que era la dueña de la babucha, se casó con el rey.

La bella muchacha, nada más instalarse en el palacio, decidió dar muchos regalos a su madrastra y hermanastra, en vez de vengarse de ellas.

La madrastra no pudo olvidar su rabia ni dejar pasar la envidia y un día, se acercó a los jardines del palacio, y allá donde la reina estaba sacando agua para las abluciones del rey, la madrastra empujó a la joven al pozo y la dejó allí para que muriera.

Todos en el reino lloraron la pérdida de su reina que había desaparecido y nadie tenía noticias de ella.

Aisha, en la oscuridad del pozo, dio a luz a un bebé, y los llantos del bebé hicieron acudir a los sirvientes, quienes al descubrir que la joven seguía viva, rescataron inmediatamente a ella y a su bebé.

Entonces la reina decidió vengarse y mandó decapitar a su hermanastra. Después saló su cabeza y cortó en pequeñas tiras el cuerpo de la joven. Luego puso los trozos de carne al sol para que secaran.

Cuando la carne de la hermanastra de Aisha estuvo seca, se la guardó en el bolso junto con la cabeza, de tal forma que la cabeza estaba oculta entre toda las tiras de carne seca. Aisha envió esta bolsa a su madrastra como un presente, quien, sin saber que era el cuerpo de su hija, se lo comió hasta que llegó a la cabeza y descubrió que acaba de comer el cuerpo de su hija.

El susto le provocó la muerte y Aisha vivió feliz con el rey y tranquila sabiendo que su madrastra y su hermanastra ya no le podrían hacer ningún mal.

Cuento popular de Marruecos, versión árabe de La Cenicienta

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Los cuentos populares, las leyendas, las fábulas, la mitología…, son del pueblo.

Son narraciones que se han mantenidos vivas transmitiéndose oralmente, por las mismas personas del pueblo. Por ello no tienen dueño, sino que pertenecen a las gentes, a la folclore, a las distintas culturas, a todos.

En algún momento, alguien las escribe y las registra, a veces transformándolas, a veces las mantiene intactas, hasta ese momento, son voces, palabras, consejos, cosas que «decía mi abuelo que le contaba su madre…»

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